sangre y sombras

Sangre y Sombras

La opulencia vestía cada rincón de aquella sala en una de las agujas de la Corte del Sol. La reunión demoró en dar comienzo mientras los diversos miembros de la nobleza invitados llegaban y las charlas insustanciales daban comienzo. Lyreth escuchaba en silencio desde su asiento, degustando la copa de vino Toquesol frente a ella. Chasqueó la lengua con desagrado; demasiado dulce.

Rara vez participaba en aquellas conversaciones, pues prefería escuchar. Si lo hacía era porque querían que diera su opinión, aunque no solían tenerla en cuenta debido a su juventud. Poco le importaban aquellos chismorreos más allá del uso que le pudiera dar a lo que escuchaba. Desde joven había aprendido lo importante que era prestar atención, lo fácil que era cuando nadie la tenía en cuenta.

Cuando la reunión inició al fin, se listaron los temas que tendrían lugar, dando paso entonces al primero de ellos. Algunos tomaban anotaciones a mano, mientras otros se servían de la magia para que su pluma escribiera lo más importante. Cada uno dio su punto de vista antes de proceder al siguiente tema: la permanencia de Quel’Thalas en la Horda.
—Somos una nación fuerte, con un poder que deja en ridículo al resto. Seguir formando parte de la Horda y estar aliados a esos bárbaros es una pérdida de recursos.
Unas voces parecieron estar de acuerdo con el hombre que inició su discurso, mientras otras manifestaban sus quejas. Una a una se fueron apagando al escuchar la risa que provenía de Lyreth. Las miradas se posaron en ella.

Había participado en la Veladuría de la Corte del Sol en numerosas ocasiones, y eso le había ganado un asiento allí. Aunque tenía buen apellido, su Casa llevaba más de medio siglo en decadencia. No era algo del agrado de algunos, aunque no estaba allí para hacer amigos.

—¿Qué os divierte, milady?
—Disculpadme, Susurrocaso —pidió la joven—, creí que estabais bromeando. Y no sé qué me haría más gracia, que fuera una broma o que lo digáis en serio.
Podía ver la vena de la sien del hombre haciéndose más prominente. Estaba segura de que algún día le reventaría.
—Sois, tal vez, demasiado joven como para entender las guerras y lo que implican —replicó Susurrocaso.
—Soy joven, es cierto, pero estuve en Theramore cuando una de nuestras bombas de maná diezmó la ciudad.

El resto de nobles guardaba silencio, no queriendo interrumpir la riña.
—¿En qué conflictos habéis participado, milord? Porque tampoco recuerdo haberos visto en la Batalla de la Ciudad de la Muerte, ni estuvisteis en la lucha de K’aresh contra el Devoramundos.
La mirada de Lyreth permanecía clavada en la de Susurrocaso mientras este apretaba los labios. Cuando los separó para hablar, Lyreth se adelantó. Se puso en pie y apoyó las manos en la mesa mientras miraba al resto.
—Nuestra permanencia en la Horda es conveniente. En tiempos de guerra con la Alianza, nos ha garantizado protección, y también nos ha ayudado a recuperarnos económicamente tras la Tercera Guerra. —Hizo una pequeña pausa al ver a un guardia entrar en la sala, susurrando algo a otro. —Somos un pueblo pequeño y de lento crecimiento que quedaría totalmente desprotegido sin…

Los guardias estaban nerviosos y varios abandonaron la sala con rapidez. Todos empezaron a murmurar, preguntándose qué sucedía. Los minutos de incertidumbre pasaron hasta que un capitán de los Caballeros de Sangre entró en la sala.
—¡La Fuente del Sol está siendo atacada por las fuerzas de la Presagista! Necesitamos que todo hombre o mujer capacitado para luchar acuda a Quel’Danas.
No se quedó para responder dudas ni ver quién actuaba.

El guardia personal de Lyreth se acercó a la dama.
—Milady, ¿qué quiere hacer?
—Poned a salvo a mi hijo. Él es la prioridad —respondió.
El caos había llenado la sala, y Lyreth volvió a mirar a Susurrocaso cuando su guardia se retiró.
—Sin la Horda, ¿a quién pediríais ayuda ahora, mi señor?
No esperó respuesta antes de abandonar el lugar. La boca le sabía a hiel. Había tenido conocimiento de la posible amenaza, había pedido que se incrementaran los entrenamientos y el reclutamiento de nuevas tropas, pero fue considerado innecesario. Ahora solo quedaba esperar que Quel’Thalas pudiera hacer frente a su enemigo y rechazarlo antes de que corrompieran la Fuente.


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