Alina

  •     El sol se había puesto un par de horas atrás, y la Dama Blanca resplandecía majestuosa en el manto nocturno. Más allá, la Niña Azul la acompañaba, como una doncella permanecía cercana a su señora. Las calles de Ventormenta se sentían desnudas sin el ajetreo diurno. La mayoría de sus habitantes estaban ya en sus hogares, otros parecían intentar dejar secos los barriles de alcohol de las tabernas. El sonido de los pasos…

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