El sabor de tu boca me esclaviza; una adicción que acepto con los ojos cerrados. El rastro de tus dedos quema sobre mi piel, trazando un camino en el mapa de mis curvas. Nuestros cuerpos entienden un lenguaje que la razón ignora. Tus promesas son secretos que bebo a sorbos lentos, veneno dulce que me mantiene viva hasta el próximo encuentro. Si desearte es un pecado, no quiero la absolución. Mañana seremos extraños, pero esta noche, nos pertenecemos.

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