No era más que un pájaro que deseaba extender las alas y echar a volar. Me hiciste soñar con alcanzar el propio sol, y me sentía invencible. Pero no era más que una muñeca de trapo entre tus manos a la que hacer jirones.
Creí en ti, puse mi corazón y mi alma en un sueño que rompiste. Te bañaste en mi dolor mientras me ahogaba. Caminé sobre tus promesas oxidadas, mendigando una oportunidad. Pero salí a flote.
No soy más fuerte gracias a ti, sino a mi propio coraje, y me costó un corazón que tuve que aprender a remendar por mi cuenta.

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