—No ha llegado nadie todavía por lo que veo.
—Dada la situación, me sorprendería que quedase alguno vivo.
—Lo que me sorprende es que yo siga viva sin tu supervisión —le replicó la forestal.
Anoren y Kaerith llegaron en ese momento, y fue entonces que Ilirya comentó que su hermana no podría asistir. Se encontraba en la Fuente del Sol, ayudando a frenar el ataque de Xal’atath sobre esta junto a otros muchos servidores de la Luz. Un asentimiento de cabeza por parte de Alherya bastó.Mientras pensaba en lo cansada que debía ser aquella labor, física y mentalmente, se percató de que Anoren e Ilirya no se conocían.
—Llegó a ser incluso líder de Nueva Sangre hace años.
La mejor, de hecho. Aunque no llegó a conocer al fundador, Alherya sí conocía a los otros dos líderes que tuvo la orden en sus inicios, cuando fue reclutada. Uno de ellos falleció años atras, y a saber qué fue del otro.
—Empecé como una más, y luego fui líder de la rama militar. Porque no había mejores opciones, creo.
—Pues yo creo que eres una buena opción —agregó Kaerith.
Ilirya captó la atención del resto al atragantarse con el vino y toser. La forestal no dijo nada, pero podían discutir largo y tendido en privado sobre las opciones que en su día había en Nueva Sangre. Lo que era todo un milagro era que hubieran sobrevivido a tanto, pero era momento de centrarse en el presente.—Como habéis visto, las fuerzas de Xal’atath, la Hueste Devoradora, atacó la Fuente del Sol y la Vanguardia de la Luz fue convocada. Llevamos unos días en que todo es puro caos, y la Vanguardia está requisando parte de nuestros suministros con el permiso del regente, algo que no tiene contentos a los comerciantes y que ha desatado algunas disputas.
Hizo un breve silencio para recordar todo lo que había en los informes, recibidos tanto por miembros de la guardia de la ciudad, por Liandron como por Lyreth. Habló entonces del vandalismo, de los robos tanto a comercioso como a viviendas, en especial en el Frontal de la Muerte.
—Tampoco diría que eso es una novedad en el Frontal —comentó Ilirya.
—Como era de esperar, la verdad —agregó entonces Kaerith—. No sé qué se imaginaban que iba a ocurrir con la Alianza paseándose a sus anchas por nuestras calles.
—No podemos culpar a la Alianza por algo que era de esperar. —La voz de Alherya era firme. Aunque escuchaba a sus compañeros, trataba de no perder el enfoque. —Nuestras fuerzas aún se recuperan del ataque y siempre hay gente que aprovecha el revuelo para saquear.
Anoren concordó en que un poco de orden era necesario, y Kaerith insistió en que la vigilancia era menor debido a los invitados. La líder inspiró hasta que sintió que sus pulmones no podían albergar más aire, porque no le apetecía discutir sobre la presencia de la Alianza. Los problemas también tenían lugar en la zona a la que no podían acceder. ¿A quién iban a culpar de ello?
—Vale, eso está muy bien… o muy mal, pero ¿qué tiene que ver con nosotros?
Como siempre, a Ilirya le gustaba ir al grano, evitando todos los rodeos posibles. Aquel, sin embargo, era un resumen del estado del reino con toda la información que había recopilado, y ni siquiera había terminado.
—En el puerto ha habido actividad sospechosa y ha habido mención de cargamento de artefactos y cristales viles. ¿Qué sabes al respecto?
Miró a la bruja, quien podría estar mejor enterada de algo así. Sin embargo, estar al tanto de lo que sucedía era difícil al tener un portal del Vacío sobre Quel’Danas. Las prioridades eran otras, y tampoco podía culparla por ello. Ante el uso de la palabra «aquelarre» por parte de Anoren, la conversación cambió de tercio.
—¿Creéis que ser brujo trata de hacer conjuros a la luz de la luna llena, delante de un caldero, con los pelos de nuestras víctimas para crear muñecos y maldecirlos?
—Claro que no —replicó Alherya—. ¿Acaso nos tomas por imbéciles. No respondas.
La advertencia llegó justo a tiempo, pues los labios de Ilirya se movieron para replicar y ninguna de sus palabras iban a ser amables. Sin embargo, su compañera tenía razón en algo: la magia vil y la demonología se había ido restringiendo. No estaba prohibida, pero se pedía discreción, y por ello muchos iban por libres. Esa era una preocupación demasiado grande que era mejor dejar a manos más capaces. Además, tras la llegada de la Hueste Devoradora las restricciones eran mayores.
—El Vacío ha abierto sus fauces sobre nosotros y la gente cree que solo la Luz podrá salvarlos.
Alherya contuvo las ganas de poner los ojos en blanco. Para ella todo era magia, sin más. Como muchos de sus compatriotas podían comprobar con la Floración de Luz, la energía que tenían por «buena» también era destructora. Como si los fanáticos de la Cruzada Escarlata no lo hubieran demostrado lo suficiente.
Fuera de la ciudad, la Floración de Luz estaba creciendo masivamente, la fauna se había visto desplazada y vuelto algo más agresiva, habían avistado rutaani, los trols Amani talaban la madera de Luz, los naga estaban en las costas… Demasiados frentes activos y las fuerzas de Quel’Thalas todavía se estaban recuperando de sus heridas o estaban ya ocupadas con otras tareas.
—Hemos perdido demasiada fuerza política.
Las palabras de Ilirya sentaron como un jarro de agua fría, pero tenía razón. Nueva Sangre ya no contaba con la relevancia de antaño ni con los aliados que tenía en su día. Hicieran lo que hicieran, ahora estaban solos.
—¿Dónde creéis que deberíamos ayudar primero?
Quería escuchar las opiniones de los miembros antes de decidir a qué dar prioridad. Sabía cual debía ser su objetivo, pero no sería ella quien lo pronunciara. Ni se le ocurriría. Ilirya, por contra, tenía algo que decir al respecto.
—Robos a los ricos, vandalismo en las calles, misterios en el Frontal, la Alianza paseándose por nuestras calles, la Floración de Luz… Nada de eso importa. Son síntomas —Sentenció—. Tenemos que cerrar el portal o cruzarlo y detener a Xal’atath al otro lado. Busquemos a quien pueda conseguir eso y ayudémosle. Solucionando eso, se solucionará lo otro de golpe.
La conclusión de todos era que aquella era la prioridad. La cuestión era el cómo. Los elfos del Vacío debían estar estudiando ya las posibilidades, y quién mejor que ellos para preguntarles.
—No sé si ellos estarían interesados en cerrar ese portal. ¿Quién nos dice que no van a intentar agrandarlo o aumentar su poder cuando tengan contacto con él?
La desconfianza de Anoren fue compartida por Kaerith, y él agregó que no le parecían de fiar. Ni siquiera cuando recientemente le habían salvado la vida a una. Una voluta de magia oscura escapó de la mano que Ilirya elevó, y se deshizo en el aire en pocos segundos.
—No os creáis la propaganda barata de los paladines. Únicamente la Luz no nos va a sacar de esta. La Fuente del Sol, la mayor fuente de poder de la Luz en este mundo, está aguantando a duras penas y solo lo hace gracias a las personas que se están sacrificando por mantenerla activa. Cada segundo que pasa se debilitan más, y cuando no les queden fuerzas, se acabó. Para todos. Vamos contrarreloj.
Aquella era una certeza como ninguna otra. Alherya sabía a quién acudir, pero tras lo sucedido en las Tierras Altas Crepusculares… No podía. Sabrina se sacrificó para salvarle la vida tanto a Dalon como a Velandria, y sabía que esta última era su mejor opción. En teoría les debía una, como apuntó Ilirya, pero Alherya no estaba de acuerdo.
—Averiguaré dónde está e iremos a preguntarle. ¿Alguien quiere acompañarme?
Una risilla captó su atención y volvió la vista hacia Ilirya.
—Alherya, Alherya…
La mujer de rubios cabellos negó con la cabeza mientras la forestal resoplaba.
—Solo quería recordarte que tú eres la líder de este grupo y que esto no es una democracia.
Lo sabía. Lo sabía y no le gustaba, en especial cuando el resto ya habían mostrado su incomodidad respecto a los ren’dorei. Pero también sabía que Ilirya tenía razón, y no había nada que le fastidiara más que dársela.
La reunión dio por finalizada, pero Ilirya tenía algo más que añadir, aunque en privado. Alherya quiso irse junto a Anoren y Kaerith porque sabía qué le iba a decir la bruja y no tenía ganas de oírlo, pero se quedó de todos modos.
—¿Va a ser muy duro el castigo?
—Alherya, nos encontramos a las puertas del fin del mundo. Otra vez.
—No me digas —replicó la forestal con el sarcasmo marcando cada sílaba—. Creí que solo era un nubarrón sobre Quel’Danas. No me había dado cuenta.
—Tú eres la líder de esta gente. No puedes titubear, ahora no. Todo el mundo está asustado y es muy posible que esta vez no lo consigamos. Tienes que ser firme, que vean que saben lo que haces… o al menos que lo parezca. Nada de «es que a lo mejor están incómodos con los ren’dorei».
Parafraseó lo dicho por Alherya momentos antes, imitando su forma de hablar.
—¡Que se fastidien! Saben por qué se han unido, saben que el objetivo de este grupo es defender Quel’Thalas cueste lo que cueste. Si se van a poner remilgados con tus órdenes, no te sirven. Échale ovarios. Es muy posible que en algún momento debas enviarlos a una situación de la que no saldrán vivos y tienes que estar preparada para ello.
Ilirya lo había hecho en el pasado, y algunos de sus compañeros no regresaron. La peor parte de sobrevivir era la culpa, capaz de despertarte en mitad de la noche, ahogándote con dudas como «¿por qué no fui yo?» o «¿qué pude haber hecho para ayudarles?».
—Teniendo a Lyreth y a Anderion… Debo admitir que me cuesta más tomar esas decisiones por otros —Se excusó la líder, porque incluso ella sabía que era una excusa.
—Mira el cielo, ¡míralo bien! Tienes dos opciones: o plantas cara con todo lo que tengas, o sales corriendo y rezas para que no te alcance. No hay más.
Ante la pregunta de la forestal sobre las posibilidades que tenían, Ilirya hizo memoria: Alamuerte parecía el fin y fue derrotado. Xal’atath no era tan destructiva, cierto, pero era más sutil. Con el portal cerrado tenían una oportunidad.
—Estuve ahí, Ili, y vamos a necesitar una gran fortaleza mental para enfrentarnos a sus fuerzas. No importa cuántas armas portemos si puede meterse en su cabeza, así que ¿hay algo que podamos hacer para prepararnos?
—Así funciona el Vacío. Te manipula, coge todos tus miedos y los lanza contra ti uno detrás de otro. No se lo permitas. Empezar por pedir ayuda a los ren’dorei es un primer paso. Ellos saben mejor que nosotros a qué nos enfrentamos.
Si hubieran presentado la profecía les habrían tachado de locos. Liandron le recomendó a Alherya no compartirla, e incluso él era escéptico ante la posible veracidad de las palabras extraídas del Cántico Crepuscular. Puso a sus hombres a entrenar, pero no era suficiente para lo que acabó llegando. Algo que les hubiera ganado cierto reconocimiento, aunque fuera un poco.
La reunión le dejó con mal sabor de boca. No quería poner más vidas en peligro, pero sabía que Ilirya tenía razón con el sermón que le había dado. La misión de Nueva Sangre era proteger Quel’Thalas, y quien no estuviera dispuesto a darlo todo para conseguir tal fin, que no se opusiera.

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